¿Qué pasaría si vas con una de tus mejores amigas a tomar un café, pero en el camino observas a un perrito que parece perdido?

Tienes varias opciones:

  • Ni siquiera digerir lo que estás viendo y seguir de largo.
  • Conmoverte pero subir el vidrio del carro porque “no se puede hacer nada”, así tu corazón se quede arrugado.
  • Tomar una foto y publicarla en redes sociales contando el caso y dando la ubicación donde lo viste.
  • Subir el vidrio del carro porque ese no es tu problema y “…en Colombia somos indolentes”.
  • Parar, bajarte del carro y hacerte cargo de la situación.

Yo, Carolina, soy de las convencidas de que como seres humanos y colombianos aún no hemos renunciado a la empatía con los otros seres vivos que nos rodean, por eso decidí pedirle a mi amiga que nos devolviéramos para ver cómo podíamos ayudar.

Eran cerca de las nueve de la noche en el centro de Ibagué, una hora en la que muchos habitantes de calle transitan para buscar guarecerse en la noche o recoger cosas que para otros ya no son útiles. Este perrito, una mezcla entre French Poodle y Schnauzer, bien organizadito, es decir, una “chanda bonita”. Estaba en un andén, afuera de lo que parecía ser su casa, mirando hacia todos lados, como buscando algo.

Cuando me bajé del carro comencé a buscar el posible dueño sin hallar ninguno. Enseguida la “chanda bonita” me indicó el camino, yéndose a posar sus garritas sobre la puerta de dicha casa para rallarla como queriendo abrirla; entendiendo su mensaje decidí ayudarle y comencé a golpear, al principio de forma muy tímida, y luego ante la respuesta al otro lado de varios perritos sin ninguna señal de un humano, lo empecé a hacer de forma fuerte como queriendo despertar a los humanos de ese hogar. Esto fue infructuoso, solo los perros eran los interlocutores… intenté con la llave del carro de mi amiga, con gritos y hasta me vi tentada ante la propuesta de ella de tirar una piedrita al segundo piso que lograra despertar de un susto al humano despistado que habría dejado a su perro fuera de casa.

Ante la no respuesta, tomé la decisión de generarle confianza al perrito, a lo que él me respondió estirándome los brazos. Sin pensarlo dos veces, lo subí al carro para darle refugio esa noche en una fundación amiga que rescata perritos. Al otro día iría a aquella casa para resolver el misterio del origen del perrito. ¿Podría haber estado allí detrás de una perrita?, ¿en esa casa le daban comida?, ¿estaba perdido y había sentido alguna afinidad con dicho lugar?, ¿sus dueños eran unos desalmados que lo sacaban a la calle a ver quién se antojaba de llevárselo?

Iba un poco nerviosa en el trayecto, no sabía si se pondría nervioso o si yo haría algún gesto o acción que le generara desconfianza, pero la “chanda bonita” se posó en mis brazos y dejó que lo consintiera, e incluso sacaba la cabeza por la ventana del carro para olfatear lo que estaba viendo. Todo esto con una total tranquilidad e inocencia. Pensaba yo que esto mismo hubiera podido ocurrir con otra persona con malas intenciones, y no me hubiera perdonado el no parar.

Llegamos donde mi amiga María Paula Uribe de la fundación que rescata mascotas, allí este perrito se encontró con una manada inquieta, pero querida. Sin embargo, pasó la noche en casa con María Paula pues no podía evitar el nerviosismo de un lugar extraño.

Al día siguiente fui a esta casa, golpeé y salió una señora que me habló con la puerta entreabierta, le conté lo sucedido y me dijo sorprendida “¡Usted tiene a Toby!, gracias a Dios apareció. Es mío, estaba de viaje y mi hijo lo dejó salir”. Aún escuchaba el ladrido de los demás perritos que habitaban la casa. Me explicó que quería darlo en adopción si encontraba una persona buena que lo acogiera. Eso me generó dudas, pero tenía que ir por el perrito y entregárselo.

Fui hasta la fundación, hablé con María Paula y decidimos ir juntas a llevar a Toby y hablar con ella. De nuevo al llegar, la señora nos habló con la puerta entreabierta, le pedimos que nos dejara seguir. Toby estaba realmente emocionado de volver con su ama y ella también. Esto era genuino. La señora nos dejó pasar, nos invitó a sentarnos en su sala y allí nos encontramos con varios perritos, los de los ladridos. Ella empezó a contarnos su historia y a presentarnos uno por uno.

Nos explicó que amaba los perros y hace un tiempo había decidido ayudarlos, recogiéndolos de la calle si veía que se encontraban en situaciones extremas de vulnerabilidad. Nos hizo la anotación de que no quería volverse una acumuladora de perros, pero no tenía corazón para dejarlos tirados por ahí. En ese momento contaba con ocho perros (que luego los conocerán) y cinco cachorritos de una de sus perras que recién había parido. En su casa, un espacio humilde e impecable, se notaba el amor por estos animales y el empeño en mantener al tiempo la casa y los perritos bien organizados.

También nos contó la urgencia de dar a algunos de ellos en adopción, pues su casero le había dado un plazo para salir de ellos, de lo contrario tendría que entregarle la casa. El plazo era de tres meses, de los cuales han corrido dos. Por eso este relato, ella quiere encontrar hogares amables, amorosos y bondadosos donde estos animalitos tengan una segunda oportunidad para ser felices y brindar toda la compañía y el cariño genuino que solo ellos pueden brindar.

(Lee también10 razones para adoptar un perro criollo… explicadas por un perro criollo).

 

Los perritos en espera de ser adoptados:

MateoMi nombre es Mateo, tengo más o menos 3 años y busco un hogar. Debido a que vivía en la calle no estamos completamente seguros de que esa sea mi edad. Hace 2 años Sandra Aguilar me encontró en las calles de Ibagué, por el sector de Alaska. Yo estaba muy enfermo, tenía una gran herida en mi cabeza que estaba infectada y llena de gusanos, lo que se conoce como Miasis, y por eso nadie se quería acercar a mí, por miedo de contagiarse. Yo no tenía muchas esperanzas, pero entonces Sandra llegó y me llevó al veterinario. El doctor me quería poner a dormir por lo mala que era mi salud, pero Sandra se negó y gracias a ella estoy más vivo ahora que nunca. Me gustan mucho las personas a pesar de mi pasado, me gusta que me rasquen la cabeza y saludar a la gente moviendo mi colita, pero no me gustan mucho los otros perros. No estoy esterilizado ya que a Sandra le da miedo que no pueda respirar durante la anestesia, pero eso no significa que no me guste jugar con las personas. Me gustaría encontrar un hogar en el que me pueda quedar por el resto de mi vida, y una familia sin otras mascotas que me quiera tanto como yo lo podré querer a él, ella o a ellos.

 TobyMi nombre es Toby. Soy una cruza de French Poodle pero parezco más un Schnauzer. Tengo 3 años, y llevo con Sandra un año. A mí me rescató una señora, pero debido a que ella no me podía tener en su casa y a que no me cuidaban bien en las casas de paso, llegué donde Sandra Aguilar y allí estoy desde hace un año. Me gustan las personas, pero debido a todos los rechazos por los que he pasado soy un poco ansioso y de carácter fuerte. No me llevo bien con otros perros, por lo que busco un hogar en donde solo seamos mi nueva familia y yo.

MonoMe llaman Mono y tengo un año y medio. Soy un perrito mediano tirando a pequeño, y mi pelo es atigrado. Sandra Aguilar, una señora muy dulce, me encontró en Ibagué, cerca del cruce de la 15 con Ferrocarril. Yo estaba anémico y tenía mucha, mucha hambre, pues era muy difícil encontrar comida. También estaba enfermo, tenía lo que se conoce como erliquia, que es una enfermedad causada por garrapatas que provoca anemia y afecta la médula ósea y el sistema inmune, pero gracias al tratamiento veterinario ya estoy mejor. Cuando llegué a la casa de Sandra yo cojeaba y se me caía el pelo, pero gracias a sus cuidados ya puedo caminar normalmente y mi pelo creció de nuevo. Me gustan muchísimo las personas y las perritas, pero no me gustan mucho los perros porque todavía no estoy esterilizado, pero ya tengo cita con el veterinario y no pasará mucho tiempo antes de que aprenda a llevarme bien con otros machos. Busco un hogar para siempre porque Sandra ya no me puede tener. Soy un perrito muy noble y puedo adaptarme a tu hogar.

PrincesaSoy La Negra, pero también me conocen como Princesa. Soy cruce de labradora, por lo que soy una perrita de tamaño grande. Cuando tenía 2 meses Sandra Aguilar me encontró en un basurero, pero de eso ya van 4 años. Tengo una personalidad muy protectora y seré una gran guardiana para quien quisiera adoptarme. Me llevo bien con los perros, pero no me gustan las otras hembras y si vivo con alguna podría pelear con ellas, así que busco un hogar libre de perritas. Soy activa, entonces me gustaría vivir con una persona joven que le guste caminar o estar en el exterior. Si decides adoptarme te prometo que seré tu mejor amiga.

 

Si quieres ayudar adoptando a alguno de ellos, llama a alguno de estos números:

  • En Ibagué, Sandra Aguilar: 3105515721.
  • En Medellín, Carolina Triana: 3042097783.

 

Textos: Carolina Triana y Laura Díaz.