Mi lindo Lucio:

Donde sea que te encuentres debes estar corriendo sin parar. Ya no estarás tan cachorro y tal vez te hayas vuelto un poco más serio, como Polo tu papá.

Si el cielo es como lo imagino, el tuyo debe ser una noche de aquellas en el Parque Boston en que fuimos tan felices. Te fuiste demasiado pronto bolita de pelos grises.

Me gusta pensar que te fuiste a cuidar a mi pequeño bebito. De otra forma ¿por qué te habrías ido al día siguiente de su muerte?

Lloré tanto Lucio. Sentí que la vida me arrancaba todo aquello que amaba. Como ensañada. Escarbé en ese dolor hasta casi irme con ustedes también.

Ya ha pasado algún tiempo y estoy mejor. Aunque todavía te recuerdo mucho. Cuando llegaste parecías un ratón con esos ojos azules brotados y las paticas todavía tambaleantes.

¡Te estiraste tan rápido! Casi me tumbabas cuando ponías esas enormes patas sucias en mis hombros. Casi me hablabas con los ojos ¡tan dulce, tan empalagoso!

Amaba ver cómo voleabas esas orejas al correr ¡qué risa! Y meneabas esa colita al verme llegar. Nunca aprendiste a ir por el palito y detestabas usar el collar. A decir verdad eras demasiado juguetón para ser un weimarán.

Gracias por tu lealtad de siempre, por tu compañía en esas tardes nuestras de Santa Elena, por tu inteligencia y tu nobleza.

Quiero que sepas que tu peludito cuerpo yace en un lugar tranquilo. En la parte alta de una montaña que ve todos los días nacer el sol.

Ahora, también yo lo veo nacer mi Lu. Tengo un hijo, se llama Miguel, tiene cuatro años y ya quiere una mascota. “Un animal no es un juguete, Miguel”, le digo. “Una mascota es un gran amor, mamá”, me responde.

Un gran amor, mi lindo Lucio, un gran amor…

 

Sin duda, ellos dejan sus huellitas en tu corazón. Que tu regalo hoy sea tu aprecio y lealtad hechos palabra. #Escritoradecartas comprende ese inexplicable sentimiento de amor que te despierta tu peludo favorito y conoce las palabras justas para expresarlo. Encarga tu carta a través de su ‘fan page’ en Facebook: