Sentir miedo es algo tan humano como comer, dormir o ir al baño, viene con nosotros desde nuestros ancestros pues hace parte del instinto de supervivencia. A lo temido lo evitamos, pero si lo hacemos una y otra vez desarrollamos una fobia, lo que dispara una especie de defensa extrema que nos limita, nos deja como estatua de hielo y salimos corriendo como alma que lleva el diablo… y más si el animal está en movimiento.

A muchos les sonará raro, pero algunas personas desarrollan ese temor extremo frente a animales (zoofobias)… algunos salvajes, pero otros que parecerían inofensivos, como los gatos domésticos o las mariposas.

¿Quieres conocer 10 de esas fobias? Aquí está el listado. Comenta al final del artículo cuál es la tuya (si es que la tienes) o si conoces a alguien con alguna de ellas.

  1. Aracnofobia: miedo a las arañas 

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Imagina estar en la ducha tomando un baño caliente… y de repente aparece una araña de las que uno no sabe si son peligrosas o no, pero que tienen como mil ojos y patas peludísimas.

Sí, de seguro saldrías tranquilamente del baño, la tomarías con papel higiénico y la pondrías en otro lugar. Pero no todos reaccionarían así… otros tantos saldrían corriendo en pelota por toda la casa sin importar nada, solo estar a salvo de ese terrible monstruo.

El temor a las arañas no es nuevo, de hecho hay una película que se llama así: ‘Aracnofobia’.

Quienes reciben tratamiento por fobia a los animales suelen iniciar con una investigación sobre el animal en concreto: origen, clasificación, hábitat, reproducción, vulnerabilidad, entre otros.

 

  1. Bufonofobia: miedo a los sapos

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Cuando eran niñas, Margarita y María Teresa Restrepo estaban de paseo en el campo. Eran dos niñas juiciosas que serían el blanco perfecto para cualquier bromista. De hecho así fue: un primo aprovechó que caminaban solas para lanzarles el sapo más feo que recordarán siempre. Desde entonces, más de 40 años después, ninguna de las dos puede ver un sapo, porque sino se les entrecorta la respiración y hasta sienten ahogo. La solución: abandonar el lugar sí o sí.

Las fobias pueden ser aprendidas en nuestra niñez, una especie de conducta adquirida al ver cómo los padres de familia u otro familiar tienen dicho temor.

  1. Elurofobia: miedo a los gatos domésticos

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Los gatos arañan y muy duro, queda ardiendo todo el día. De solo pensar en esos potenciales riesgos, quienes tienen elurofobia (también ailurofobia, felinofobia o galeofobia), salen del lugar sin razón alguna que valga. Sí, en esta época en la que hay gatos en muchas casas y apartamentos, se ha convertido en una situación social muy habitual y una tortura constante para estas personas.

No es la primera vez que se habla de ello, ya Fredric Brown había escrito al respecto. Lee las aventuras ‘elurofóbicas’ del personaje Hilary Brown, quizá te sientas identificado.

Una fobia puede acompañar toda su vida a una persona hasta que esta decide ponerse en tratamiento psicológico y erradicarla.

  1. Cinofobia: miedo a los perros

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Seamos honestos: si vamos un día por la calle a eso de las 3 de la madrugada, mirando a todos lados por si las moscas y de repente se aparece frente a nosotros un rottweiler sin bozal, nos daría un infarto. Y si a eso le sumamos que al perro le empieza a salir fuego por la boca y los ojos, y de repente corre detrás de nosotros… mejor dicho.

Muy fácil sentir miedo así. Pero a quienes tienen cinofobia no les hace falta que un perro les ladre y muestre los colmillos. Algunos pueden sentir pánico solo con ver un perro a lo lejos. Hay quienes sienten temor por todos los perros en general y otros solo a algunas razas o tamaños en específico. Mejor dicho, acá no se puede hablar de ‘Amores perros’.

Estos síntomas pueden indicar que una persona tiene una fobia: mareo, náuseas, angustia, palpitaciones, taquicardia, sudoración y alteración del estado.

  1. Entomofobia: miedo a los insectos… como las cucarachas

fobia-cucarachas-animal-revistaVamos a hacer un pequeño test. Hay un meme que resume una situación con cucarachas que podría ser horripilante.

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Quizá a todos nos daría miedo, pero quien tiene real miedo a las cucarachas debe vivir todos los días con el pánico a encontrarse una de ellas: al mirar al suelo, al entrar a un bus, en el cine, o peor, dentro de la ropa o caminando por la cama.

¡Ponte en su lugar y no molestes con eso!

 

  1. Equinofobia: miedo a los caballos

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Volvamos a los supuestos. Si vamos a una finca, nos da por salir en horas de la madrugada a fumar un cigarrillo o a ver las estrellas, y de repente aparece un caballo venido del bosque con su cola trenzada y riéndose como un demonio, de seguro caeríamos en el acto de un infarto fulminante. ¿Quién soportaría razonablemente ese suceso? Nadie.

Pero como las fobias son temores irracionales, hay quienes tienen miedo a los caballos y punto. Nunca van a montar un caballo y no verán hípica por ESPN. Y que nadie los obligue porque conocerán el poder extremo de su instinto de supervivencia.

También existen fobias sociales: tienen antecedentes en la infancia por timidez y se estima que se presentan del 3 al 13 por ciento en la población en general.

(Lee también: En las duras y las maduras: 10 curiosidades sobre los caballos (y meras fotos)).

 

  1. Escolequifobia: miedo a los gusanos

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Cuando uno va por ahí y le cae encima un gusano de esos verdes y gordos de los laureles, se le quiere salir a uno el alma por los poros. De resto verlo por ahí no implica mayor susto, salvo para quienes tienen escolequifobia, quienes sienten miedo anormal e injustificado a los gusanos. ¿Cómo sería, entonces, tener que comer mojojoy en el Amazonas? Esa sería una prueba muy dura para casi todos.

Las fobias también pueden surgir por asociación indirecta: por ejemplo tenerle pánico a las inyecciones sin siquiera haberse hecho aplicar una, solo por el dolor que supone hacerlo.

 

  1. Lepidopterofobia: miedo a las mariposas

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Nicole Kidman no es solo una de las actrices más afamadas de Hollywood, es también conocida por su miedo a las chapolas y mariposas, fobia que se conoce como lepidopterofobia.

También se llama motefobia e incluye el temor a todos los lepidópteros. Si bien quienes padecen esta fobia saben que una mariposa no les hará nada, el solo pensar en su vuelto errático y que en cualquier momento podría caerles encima, hace que suden frío y que quieran escapar a toda costa.

Nota del autor de esta nota: “Yo tengo esta fobia, así suene tonto”.

 

  1. Ofidiofobia: miedo a las serpientes

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¿Cómo no tenerle miedo a estas pobres si desde la Biblia nos las pintaron como el peor de los seres? De ahí en adelante es terrorífico no solo ver una culebra en vivo, sino que no hay valentía que valga para verlas en pantalla o en versión juguete.

Su mordedura, su sangre fría, su velocidad y la textura de su piel son solo algunas razones para que estas personas teman a las serpientes como al peor de los enemigos. Lo bueno: nunca tendrán a este animal silvestre como mascota.

Dos formas de tratar las fobias. Conductual: entrar en contacto con el objeto fóbico hasta perder el miedo. Psicoterapia: busca el origen real de la fobia para curarla de fondo.

 

  1. Surifobia: miedo a las ratas y ratones

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En la India las ratas son consideradas seres divinos. Incluso hay un Templo de las Ratas que es furor entre los turistas. Se llama Karni Mata y queda en el estado occidental del Rajastán.

Mientras tanto, en Occidente las odiamos y siempre queremos exterminarlas. Incluso esto ha llevado a que animales que no son roedores se vean afectados por este temor social, tal y como las zarigüeyas.

En todo caso, quienes tengan surifobia nunca irían a ese centro turístico de la India y de seguro también le tendrá pavor a las ‘chuchas’ por su parecido a las ratas.

Hay una frase que cae muy bien entre quienes quieren erradicar una fobia: “La huida no ha llevado a nadie a ningún sitio”. Antoine De Saint Exupery.

Fuentes: Psicología Breve Estratégica, Guía de Psicología, UnComo.