Un pedacito de nube del cielo. La palma de mi mano le quedaba grande para aguardar sus sueños. Dos manchitas: una amarilla, otra azul… sus ojos. Naricita rosadita como algodón de azúcar y unas paticas que apenas le sostenían el cuerpo.

Muere en México el escritor y Premio Nobel colombiano Gabriel García Márquez y el grupo extremista islámico Boko Haram secuestra a más de 200 adolescentes de una escuela en Nigeria. En Colombia, mi mamá tuvo una noticia aún más impactante: un gato en la casa.

Está bien pero que sea macho, la primera condición. Error. A ellos se los llevaron primero. Y la nubecita, a la espera de que la que prometió ser su nueva familia no tuviera en cuenta esos pequeños detalles.

 

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Lo que hasta ahora había sido una vida fugaz en Caldas, al sur de Medellín, sería ahora un nuevo despertar en un apartamento de cincuenta y cinco metros cuadrados, con unos humanos gigantes que no sabían qué era convivir con seres que caminan en cuatro patas.

Esos humanos gigantes eran en realidad un manojo diminuto de tristeza. Entre las cosas que no sabían, estaba la de convivir con el dolor de perder un ser amado. Esa ausencia. Esa voz que retumba en la cabeza como el eco de su existencia. ¿Será Libia la que tocó la puerta? Sí, es Libia, es domingo, siete de la noche, es hora. No, las horas se agotaron.

De ser cuidados a cuidar. En menos de un año la vida puede voltearse como reloj de arena para volver a comenzar. ¿Cómo se habrá reído? De la que se salvó, porque ella no iba a estar detrás de ningún gato, claro que no. Pero seamos honestos, Libia, así como mi mamá se enamoró, también habrías caído en los encantos de este nubarrón.

 

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Afrodita no llenó las expectativas de mi mamá, me refiero al nombre que le íbamos a poner. La gata, por su puesto, sí que lo hizo. Abandonamos Grecia hasta un nuevo aviso y en Roma hallamos lo que estábamos buscando: Venus. Venus como el planeta, la de Velásquez. Como los hoyuelos, como la canción de Lady Gaga. Venus, la diosa del amor, la belleza y la fertilidad de la mitología romana.

Venus de las nubes.

Venus de la nieve.

Venus que hipnotiza con la mirada.

Venus que se esconde debajo del mueble.

Venus, mimada nuestra.

Venus que das vida, elíxir.

Venus caprichosa.

Venus, ¡cómete esas galletas!

Venus, déjame dormir.

Venus linda, de mi vida.

Venus, dulcinea.

Venus, el tránsito de Venus.

Venus de Velásquez.

Venus, ven a dormir, Venus.

Éntrate ya Venus.

Venus, mi bella Venus, genio.

Take me to your planet (to the planet).

 

Ahí está, dormida en la que fue su cama, su colchón. Seis años ya bajada de ese cielo nubado del que desprendieron un pedazo para que la vida pudiera continuar. Gracias, Venus.

 

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