Escena 1: ‘La moneca’ llega a nuestras vidas.

Y con una carita amorosa a la que era imposible decir no, nos asaltó ‘la moneca’ en la oscuridad y el frío de casi la media noche. Sus ojos no podían ser más expresivos: ¡ayúdenme!

Al ver su collar pensamos que encontrar su hogar sería fácil, pero sin números de contacto no nos quedó más que caminar por las calles aledañas preguntando si alguien la reconocía, pero parecía ser una completa extraña en ese sector.

Cojeando un poco logramos llegar a la casa donde pasaría la noche. En un juicio propio de un perro hogareño, ‘la moneca’ durmió plácida después de comer y tomar mucha agua. Al día siguiente continuamos la búsqueda, carteles con su foto y una caminata más larga la dejaron exhausta sin resultado favorable.

Nadie llamó a preguntar por ella, el mensaje dejado en veterinarias cercanas, albergues, casas, no llegó a su destinatario final, o seguimos sin saber si su dueño hizo caso omiso. Ahora la búsqueda era por un nuevo hogar, uno donde le dieran el amor que ella se merecía, porque Ariadna, como terminamos llamándola, era la dulzura caminando en 4 patas.

Escena 2: Unos días de felicidad

Gracias al cielo el mundo está lleno de amantes de los animales. Una joven artista abrió la puerta de su hogar y el de sus otros perros a “la moneca”. Ella decidió no ser hogar permanente de más peludos para poder sacar de aprietos a muchos otros mientras encuentran sus hogares soñados.

Allí Ariadna disfrutó de compañía perruna, paseos, deliciosa comida, cuidados veterinarios, y muy especialmente del amor humano. Lizeth, nuestra salvadora como hogar temporal, de manera activa, ha estado presente en toda esta historia pendiente de las respuestas sobre “la moneca”.

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Escena 3: ¡Llegó una nueva familia!

Tras dos semanas parecía que habíamos encontrado las personas que merecían vivir con la fortuna de tener su compañía. Un par de jóvenes que dijeron tener autorización de sus padres.

El día de la entrega no pudimos ocultar las lágrimas, pero la nueva familia se veía tan feliz y dispuesta que, como tantas veces que hemos entregado animales rescatados en adopción, dijimos: “es lo mejor para ella”.

El mismo compromiso verbal que muchas veces hemos hecho con otros adoptantes lo hicimos con ellos: visitaríamos a Ariadna, ellos enviarían fotos, la cuidarían, y esta vez dijimos que asumiríamos su esterilización, como parte de un acuerdo para que ellos se hicieran cargo de las vacunas y demás. Parecía que iba a ser otra historia feliz.

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Escena 4: Llegaron las mentiras

La primera semana todo fluyó bien, pero 15 días después, cuando se suponía que Ariadna estaba lista para su cirugía, empezaron una serie de excusas extrañas, una cadena de mentiras. Números falsos, cambios de identidad, veterinarios no registrados, chats sin respuesta, y una historia que aún no podemos desenredar.

Los adoptantes dijeron que por un incidente en la casa se habían llevado la perrita a otra finca, en un lugar a más de dos horas de donde se entregó. Según ellos se esterilizaría allá y estaría con otras mascotas en la nueva casa. Solo pedimos fotos, para asegurarnos de que estaba bien, y nunca llegaron.

Sin fotos, optamos por pedir un contacto, que solo después de un mes de insistencia nos dieron, y al llamar resultó ser una adolescente haciéndose pasar por la tenedora de la perra, que quedó en evidencia solo con preguntarle el nombre que le habían puesto a ‘la moneca’. En ese momento confesó que le habían pedido hacerse pasar por “Juana”.

Al hacer uso de la información de la ley 1774 (protección animal), logramos que nos dieran un nuevo contacto, ya con una tensión evidente en las conversaciones con los primeros adoptantes. Llamamos y todo pareció normal, una mujer que decía tener a Ariadna, que la había bautizado como “La Mona” y que la tenía inscrita con la Alcaldía para la esterilización. Nuevamente le pedimos fotos, pero este punto volvió a fallar… como si fuera un fantasma, parecía que era imposible tener evidencias de su bienestar.

Escena 5: En busca de la verdad

Una foto publicada por Animal La Revista (@animalrevista_) el

Con un grupo de amigos, todos los amantes de los animales que nos embarcamos en sacar adelante este proyecto Animal La Revista, fuimos hasta el lugar donde supuestamente estaba la perrita. Solo con la referencia del nombre de la mujer con la que hablamos telefónicamente llegamos a la finca. Fue muy evidente el nerviosismo cuando le dijimos quiénes éramos, y su saludo fue “la perrita ya no está aquí”.

Si bien ya estábamos decididos a regresarla al hogar de paso donde estuvo al principio y buscar otro hogar permanente, uno más sincero, la mujer no nos supo dar razón del nuevo lugar a donde habrían llevado a nuestra Ariadna.

Al llamar al primer adoptante a reclamarle por la situación y pedir información del nuevo paradero, dijo que justo ese día la estaban operando en una finca a las afueras del pueblo, así que sin mayor problema dijimos:  “¡la esperamos!”

Con más inconvenientes a lo largo del día, como por ejemplo que el nombre del supuesto veterinario que la operaba no estaba registrado en la dependencia de la alcaldía que los controla, y que el teléfono siempre estaba apagado, llegó el momento de escuchar lo que estábamos tratando de evitar…

Escena 6: ¿Qué pasó con Ariadna?

“La perra se murió en la cirugía… se desangró”, fue lo que dijo el joven mentiroso e irresponsable que había jurado hacerse cargo de Ariadna dos meses antes cuando personalmente se la entregamos.

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No sabemos si la muerte de Ariadna es real, y si lo es, no sabemos en qué condiciones, ni en qué momento ocurrió. ¿Se perdió?, ¿la tienen pasando trabajos?, ¿se murió antes y no nos habían dicho? Preguntas es lo que abunda en medio de la amargura de haber tomado una mala decisión al entregarla a las personas equivocadas, personas que al pedirles respuestas han tenido el descaro de decir :“Si van a molestar tanto para que regalan perros” o “yo no firmé ningún papel”.

Y justo ese fue nuestro pecado: confiar en la supuesta voluntad de estos adolescentes, porque de tener un documento firmado en este momento podríamos estar en un proceso jurídico reclamando la verdad sobre “La Mona”.

“Mateo y Laura… en sus conciencias”.