“Por el fin de la alborada” es una columna de opinión escrita por: Marcela Díaz Duque, Directora de la Fundación ORCA.

Como hemos intentado concientizar desde hace ya unas semanas las entidades de salud, los entes administrativos municipales y las diferentes fundaciones que trabajamos por los animales la alborada es una actividad que carece de un sentido, que año tras año ha ido perdiendo fuerza gracias a que cada día más personas entienden la irracionalidad de esta “celebración”, donde el sentido real del comienzo de una de las épocas de mayor regocijo, fraternidad y solidaridad del año debería hacerse de otras formas diferentes que fomentaran la unión y no el bullicio insostenible con las consecuencias funestas que históricamente la alborada ha generado.

El uso de la pólvora trae consigo muchas consecuencias:

Afecciones de salud para los seres humanos a causa de traumas accidentales que afectan la integridad de cualquier zona del cuerpo expuesta, entre ellas también el sistema auditivo; la pérdida de tranquilidad y confort a causa del bullicio y los estallidos constantes; el humo y la contaminación química que se genera para el medio ambiente; las nefastas consecuencias para los animales gracias al miedo que produce en seres vivos que perciben con una intensidad siete veces mayor a la que poseemos los humanos como es el caso de los perros; la pérdida de vidas entre ellas de aves que huyen despavoridas de los nidos a lugares menos seguros; los accidentes a causa de la huida de muchos animales en el momento de las explosiones donde hay pérdidas de animales de compañía y accidentes traumáticos en muchos de ellos; la pérdida de embarazos en diferentes especies de animales y muchas otras afecciones que hacen mella en las especies que son víctimas de la irresponsabilidad de algunos que permiten la permanencia de esta anquilosada tradición.

En el año 2003, Medellín vivió su primera época de bullicio y desasosiego para muchos que no estaban acostumbrados y no entendían la razón del escándalo que se presentó en el amanecer del 1° de diciembre; desde entonces, cada año seguimos expectantes a observar la reacción ciudadana en los diferentes barrios de la ciudad. Creo que no soy la única que ruega porque la lluvia anegue esa lamentable celebración. Muchos esperamos con cautela cada año y vemos con escozor como desde las 11:50 p. m. se comienzan a escuchar aisladamente voladores, tacos y otros elementos pirotécnicos que irrumpen con la tranquilidad de la noche.

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Personalmente, he asumido el papel de veeduría desde el balcón de mi hogar, donde logro apreciar los juegos de luces en el cielo, la forma como se va densificando el aire en la ciudad llegando a momentos en los cuales es imposible apreciar las luces nocturnas de un barrio a otro y el ruido ensordecedor que se propaga inmisericordemente por toda la ciudad. En el primer año de vida de mi hijo, su sueño se vió afectado por el ruido avasallante y aunque afortunadamente he brindado tranquilidad a mis perros y gatos, no dejan en ocasiones de mirar con temor el refulgente cielo que se ilumina ante cada detonación dejándolos absortos en dudas que no pueden manifestar.

Creo en la bondad del ser humano y creo que cada año de lecciones trazadas con dolor, lágrimas y sangre deberán enseñar a nuestros conciudadanos la importancia de dar el respeto que merece al ambiente, a nuestros vecinos, a los animales y a todos los que cohabitamos en este hermoso Valle del Aburrá.

Fundación ORCA genera acciones exigentes llegados los límites de noviembre, buscando refugio para los perros que se encuentran albergados en nuestro lugar de atención para evitar que el miedo les genere cualquier tipo de afectación, pues ellos, que vienen de las calles, no entienden las razones de este bullicio. Para ello habilitamos los hogares de paso navideños y hogares de paso de alborada, donde personas de gran corazón acogen a estos peluditos en sus casas para ayudarlos a pasar el trauma de la pólvora en Medellín. Pero muchos animales permanecen en las calles, otros tantos no son objetivo de ingresos a centros de acogida y deben enfrentarse solos al desconocimiento de la “fiesta” de explosiones y al temor que esto genera en ellos.

Mi intención con este artículo es generar recordación con unas tantas horas previas a la alborada, de todo el caos y el malestar que la misma produce e intentar de alguna forma, evitar que muchas personas caigan en esa absurda mal llamada tradición. Los invito a buscar en sus corazones la misericordia hacia muchos seres vivos que serán víctimas silentes a causa de la pirotecnia el día de hoy. Espero con gran esperanza que este artículo pueda llegar a la conciencia de muchas personas y con ello evitar que muchos seres vivos sufran, entre ellos por quienes he enarbolado banderas: los animales.

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Ñapa: Consulta al médico veterinario acerca de posibles ayudas para que tus animales de compañía no sufran el día de hoy, acompáñalos, no los regañes y dales tranquilidad. Si observas un animal en la calle asustado y temeroso, intenta sin arrinconarlo, ayudarle y evitarle los múltiples daños que la madrugada del 1 de diciembre le puede generar.