Tiene 6 años, es intenso, alegre, extrovertido, pero también calmando cuando debe serlo. Es el primero que sale a saludar y el último que se despide. Así es Ramón, un perro que pasa sus días sanado uno que otro corazón en el centro de psicología Parinâma.

Lo curioso es que Ramón no es entrenado para ser un animal terapeuta, todo su talento es innato y sí que lo hace bien.

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El 90 por ciento de los consultantes que a veces llegan haciendo mala cara, estresados, aburridos o distraídos, cuando se encuentran con Ramón cambian absolutamente sus gestos: si es porque se asustan es que ya se les olvidó que estaban haciendo mala cara, y si es porque les gusta entonces se muestran más expresivos.

Es como si tuviera poderes emocionales, pues es frecuente que las personas (inclusive quienes no sienten simpatía por los perros) terminan haciendo lo que Ramón está haciendo: juegan con él, le conversan, lo molestan. Abren una posibilidad de encuentro con su entorno, cuenta Julián Velásquez, terapeuta de Parinâma y dueño de este boston terrier.

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“Los animales… a través de su afecto y su amor incondicional, favorecen la relajación, la estabilidad, y ayudan a afrontar las situaciones críticas con mayor serenidad”. Elaime Maciques.

El diagnóstico que receta Ramón

Si la persona está calmada, Ramón está calmado, cuando la persona está inquieta Ramón sube y baja, cuando está llorando o siente necesidad de afecto, Ramón se acerca ofreciendo cariño y se deja acariciar. Y pareciera un chiste, pero cuando una persona está hablando mucha carreta, Ramón se tira uno que otro gas.

Además de acompañar las consultas, eso sí, por voluntad propia del perro, Ramón es quien ayuda a Julián a hacer un diagnóstico más completo del paciente.

Por ejemplo, las personas que rechazan a este peludito normalmente tienen una relación con su cuerpo y con su instinto de una manera distante, entonces, cuenta Julián, son personas más racionales, más esquemáticas, medio obsesivo compulsivas o con un nivel alto de neurosis. Pero finalmente, la mayoría, terminan acercándose a Ramón.

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Los inicios de Ramón

Nació en una hermosa camada de boston terrier, pero como suele suceder siempre hay uno que es el más feo o retraído, y sí, justo ese fue Ramón. Tenía 4 meses y nadie lo había querido adoptar porque además de feito tenía un leve tembleque que hoy en día lo sigue caracterizando.

Cuando su actual cuidador lo vio, estaba en un esquinita, llevaba casi 3 días sin comer y no quería caminar. A partir de ese momento todo cambió para Ramón… llegó a su nuevo hogar  y allí estuvo un par de meses; luego, contra todo pronóstico, Julián llevó a Ramón al consultorio para que no pasará tanto tiempo solo y cuidara la nueva sede de Parinâma.

Así fue como el más feito de la camada se convirtió en el encanto del lugar, la admiración de los terapeutas que inicialmente no estaban de acuerdo con que Ramón estuviera allí y la alegre compañía de los consultantes. Hasta tiene cuenta en Instagram y seguidores internacionales.

No está de más decir que nuestras propias mascotas hacen las veces de terapeutas, sin lugar a dudas revolucionan, para bien, nuestros hogares. Y tú… ¿ya adoptaste tu propio terapeuta? 🙂