La Semana Santa nos dio por reflexionar. Pero con estas letras no queremos revivir tus dolores, solo queremos que recuerdes con mucho amor a esa mascota que te acompañó y ya no está, y le hagas honor a su memoria al seguir entregando amor a más animalitos.

Carlota.

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Quienes amamos a nuestras mascotas llegamos, para muchos de forma exagerada, a humanizarlas tratándolas como hijos. Nuestras casas son más de ellos que nuestras y no tenemos problema en decirle a otros humanos, “si no te gustan los animales no eres bienvenido”.

Son pocos los que pueden entender ese amor desbordado, y aún menos los que comprenden el dolor profundo que genera la partida de uno de nuestros peludos.

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Fred

“¡Ay q pesar! Pero bueno era solo un perro”. “¿De verdad estás tan mal por qué se murió el gato?”…

Es increíble, pero sí, hay quienes dicen eso. Creen que van a minimizar un dolor que es profundo, una partida que merece un duelo, y todos deben respetarlo. Es que quien se fue es parte de mi familia, un amigo que me recibía y me despedía cada día con el mismo amor, que dormía a mi lado, que jugaba conmigo y del que me sentía completamente responsable.

Quizá ese último punto, sentirse responsables, ser protectores, es lo que asemeja el amor a las mascotas con el de los hijos. Ellos se instalan tan adentro de nuestro ser, que querer sacarlos es literalmente desgarrador.

Romeo 🙁

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“Él se llamó por una horas Romeo. Quizá tuvo otro nombre, o simplemente le decían ‘el gato’. Es difícil creerlo o conveniente suponerlo, pero nos buscó para que lo ayudáramos, para sentir amor. El consuelo es que no sabemos si fue feliz, pero sí que en sus últimas horas de vida fue el más consentido de los gatos. Ojalá los hogares que ya se habían ofrecido para tenerlo no cambien de idea y sigan esperando en sus casas a un animalito que pueda tener una oportunidad de vivir feliz lejos de las penurias de la calle. No todos los finales son felices, a veces son tan tristes como la carita de este gato al que su oportunidad le llegó muy tarde. Lindo Romeo”.

A veces la vida nos deja disfrutar de su compañía por varios años, en ocasiones son pocos meses, o incluso pueden ser cortos días; porque al igual que los humanos, ellos parten en cualquier momento, no siempre la vejez es la causa. Hay accidentes, enfermedades a edad temprana, cualquiera sea el caso es un acto de amor con ellos desprenderse, y eso no significa dejar de amarlos.

Desprenderse es darles el beneficio de liberarse de un gran dolor a través de la eutanasia, desprenderse es recordarlos con la alegría de los buenos momentos, desprenderse es tener la satisfacción de que lo diste todo por él y no ahorraste amor para entregarle. Desprenderse es, especialmente permitir que a tu vida lleguen nuevos peluditos que necesitan hogar, protección, amor.

No abrirás tu corazón para reemplazar la pérdida, porque todos son diferentes; lo abrirás para darle cabida a un amor nuevo, un amor que te aseguro hará feliz a tu angelito donde quiera que esté mirándote y esperándote.